Era el último engendro vivo de una raza, los Grzahcorm, quienes poblaron los brezales mucho antes que los Grarkrom, siglos antes que los Homosaurios, antes del primer cataclismo. Fueron poderosos y dominaron grandes extensiones del mundo conocido en aquellos oscuros tiempos, donde ninguna otra forma de vida se libraba de su nefasta presencia. Pero otros seres inferiores se unieron contra los Grzahcorms, fueron implacablemente perseguidos en todo el mundo e, incongruencias del destino, serían los Humanos quienes acabasen con la grandeza de su raza. Contaban con un aliado por nadie gobernado como por ellos: el fuego. Acosado, se refugió en esa misma torre tras escapar a la batida promovida por los Homosaurios de Farahabad, otra raza ya por aquellos años casi extinguida que encontró su último Refugio en los desiertos.
Ya en el torreón, los Humanos que lo custodiaban sufrieron su maldita presencia, hasta que el propio Shelomó acudió a la fortaleza y descubrió la terrible razón por la que desaparecían sus hombres. Nunca hubo ni vencedor ni vencido en sus singulares batallas. A ambos, engendro y Humano, les sorprendió luchando el cataclismo de fuego y lluvia que sumergió a Chandigharán en la Noche de la Maldición..